jueves, 10 de noviembre de 2011

Frase del pedagogo Paulo Freire...



"Sería en verdad una actitud ingenua esperar que las clases dominantes desarrollen una forma de educación que permitiese a las clases dominadas percibir las injusticias sociales de forma crítica"

martes, 11 de octubre de 2011

12 de Octubre: Día del respeto a la diversidad cultural



Tradicionalmente se recordaba el 12 de octubre como el "Día de la Raza" La denominación fue creada por el ex ministro español Faustino Rodríguez-San Pedro, como Presidente de la Unión Ibero-Americana, que en 1913 pensó en una celebración que uniese a España e Iberoamérica, eligiendo para ello el día 12 de octubre, fecha del descubrimiento oficial de America.(los vikingos estuvieron en Terranova 500 años antes, pero por diversos motivos, entre otros políticos… no lo “patentaron”)

La primera pregunta para realizarse es: ¿De qué raza estamos hablando? Las Naciones Unidas abolieron el término raza en 1959 por carecer de todo valor científico y por servir solamente para incentivar el odio entre los hombres de distintas culturas. En Argentina el término se institucionalizó a partir de un decreto del presidente Hipólito Yrigoyen, que más allá de establecer el feriado nunca estableció el nombre “Día de la raza”. Eso fue parte de periódicos, la costumbre de la época y la influencia española.

Durante el resto del siglo XX en argentina continuó la mencionada denominación hasta que en el año 2007 el Inadi (Instituto nacional contra la discriminación, la xenofobia y el racismo) presentó un proyecto para que el feriado nacional del 12 de octubre sea denominado "Día de la Diversidad Cultural Americana". Finalmente y por un decreto presidencial del 2010 se institucionalizó al 12 de Octubre como “Día del respeto a la diversidad cultural” con la idea de transformar al mismo en una jornada de valorización de las identidades étnicas y culturales y de reflexión histórica.

Reflexión histórica que valore la lengua, la cultura, las tradiciones hispánicas, pero junto al recuerdo crítico del genocidio realizado contra los pueblos originarios americanos, el saqueo de los recursos mineros americanos (que se mantiene. Ahora con otras formas, pero se mantiene y a cielo abierto con la multinacional Barrick Gold, por ejemplo), la instalación de los secuestros extorsivos (acaso no fue eso lo que hicieron los conquistadores españoles con Moctezuma, en el imperio azteca? A pesar de que los aztecas pagaron toneladas de oro y plata como rescate, Moctezuma fue asesinado. Algo similar ocurrió con Atahualpa en Perú)

Hoy a más de 500 años, la conquista sigue y sigue la lucha desigual de los mapuches contra aquellos (generalmente grandes magnates europeos o norteamericanos) que se apropian de sus tierras, sigue la lucha desigual de los Qom, en Formosa, contra un gobierno provincial propio de la edad media y que se sostiene entre otras cosas por el apoyo del gobierno nacional.

Y también sigue la lucha de otros grupos, como los negros, que supieron ser un tercio de la población de la ciudad de Buenos Aires a fin de siglo XIX y hoy luchan por sus derechos y por intentar salir de un lugar lamentablemente invisible en nuestra sociedad.

Reflexionemos críticamente sobre esta fecha. Sin negar las raíces hispánicas pero relacionando a nuestro país con lo más profundas de las tradiciones y raíces americanas. Porque Argentina las tiene. Porque los argentinos las tenemos.

viernes, 7 de octubre de 2011

El otro debut



Ir a buscar trabajo en bermudas y ojotas. O avisarle al superior de un faltazo por SMS. Los jóvenes llegan a un mundo completamente diferente al de su cultura. Y se extrañan porque sus empleadores se extrañan de que no se adapten a las normas. Un estudio muestra cómo es esta nueva relación.

Los niños de los ’90 ya tienen trabajo. Crecieron en un mundo en el cual lo único constante fue el cambio, en ocasiones radical, de la vida cotidiana: computadoras hogareñas, teléfonos celulares, oferta inagotable de servicios de televisión, desarrollos sucesivos de Internet. Supieron acompañarlos, también, modelos de crianza que procuraban cuestionar, o al menos replantear, los que habían sido límites tradicionales en educación y socialización. Ahora son jóvenes y comienzan a ingresar al mercado de trabajo. Pero allí donde parecía que sólo iba a haber continuidad y encuentro de los mundos, sostienen algunos investigadores, se están registrando baches, brechas, pequeños abismos. Un informe del Centro de Estudios en Políticas Públicas (CEPP) sostiene que, de alguna forma, se trata de discontinuidades entre lógicas. Los chicos no comprenden por qué el reclutador de una empresa se sorprende de que hayan concurrido a una entrevista laboral en bermudas. Los empleadores, además de no comprender la sorpresa por la sorpresa, tampoco comprenden que los nuevos empleados pidan más que un salario importante y negocien condiciones.

El encuentro de los mundos
En algunas empresas, “la percepción es que los jóvenes participan de otra cultura y tienen grandes dificultades para insertarse en la de las organizaciones, e incorporar los hábitos y rutinas que les permitan participar” en los procesos habituales de esos lugares de trabajo. Esa es, redondamente, una de las conclusiones de “Relaciones entre los jóvenes, la escuela secundaria y el mercado de trabajo”, el informe de una investigación en proceso de Gustavo Iaies y su equipo del CEPP. Abstractas como pueden parecer las observaciones, los ejemplos que fueron recabando en el estudio para el cual entrevistaron a responsables de recursos humanos y empresarios son contundentes. La extrañeza, que es mutua, se presenta en los detalles cuando de selección de personal y negociaciones laborales se trata.

Los responsables de recursos humanos, sostienen los investigadores, se encuentran con que es creciente “la dificultad de los jóvenes para asimilarse y convivir con las reglas y valores de las empresas”. Esto sucede aun cuando chicas y chicos reconozcan la asimetría de base, según la cual sus edades y experiencias laborales son inversamente proporcionales a aquellas de las empresas en las que quieren ingresar. Puede pasar que las reglas más usuales en un lugar de trabajo tradicional, las normas que habitualmente regulan el mundo del trabajo, les incomoden. Puede pasar, contó un “ejecutivo del área de recursos humanos de una compañía de telefonía celular” a los investigadores, que chicos y chicas sienten que “las reglas de la empresa (...) no fueron hechas para él o ella y no están a la altura de aceptar que se les imponga cierto marco de trabajo. En muchos casos, es aceptar la autoridad y en otros, aceptar el procedimiento, pero son menos”. En una cadena de hipermercados, la divergencia resultó tan básica como la imposibilidad de cumplir con los requisitos mínimos: no faltar y llegar en el horario establecido.

Saltos generacionales
Esos pequeños abismos que, en el mediano plazo, podrían inclusive convertirse en conflictos o replanteos sectoriales, también son percibidos por sectores sindicales y gremiales. Lo que se inicia como comentario entre compañeros de trabajo pareciera adquirir status de ítem sindical, tanto que los representantes de los trabajadores llegan a interceder con pedidos específicos a las patronales. La directora de recursos humanos de una cadena de hipermercados asegura que “el propio sindicato nos pide que no tomemos chicos muy jóvenes porque resulta muy complejo trabajar con ellos y se vuelven permanentes generadores de conflictos”.

No muy lejos de la superficie, la cuestión de la edad comienza a aflorar como figurita repetida entre los motivos de esos incordios. Los nuevos jóvenes que detecta el informe de Iaies y equipo, “no viven el empleo como una prioridad central en la organización de sus proyectos de vida. El eje de la calidad de vida personal aparece como una prioridad, incluso en la evaluación que los propios jóvenes hacen para ingresar a una compañía o permanecer en un empleo”. En ciertos círculos, chicas y chicos, por eso mismo, se muestran cada vez más renuentes a construir identidades a partir de sus relaciones con el mundo del trabajo. “Pertenecen a una generación de mayor individualismo”, asegura un “consultor de recursos humanos de grandes compañías”.

Pero hay todavía algo más. La encargada de recursos humanos de la cadena de hipermercados señala que no es raro que los empleados jóvenes envíen “un SMS a su supervisor para avisarle que no vienen”. Clásico de una relación entre pares desde que el celular se volvió un elemento cotidiano, el mensaje de texto reviste también un grado de informalidad notable, y ni siquiera garantiza por sí mismo que el mensajeado haya sido notificado de su contenido de manera fehaciente. Y sin embargo la frecuencia con que se reitera elevó lo que parecía una anécdota a la categoría de asunto a resolver. En esa cadena de hipermercados, por ejemplo, “nos quedamos reflexionando hasta dónde ésa es una falta (del empleado) o es parte de la cultura de comunicación que tienen. Incluso la que tienen muchos de nuestros clientes, y eso nos hace pensar en que deberíamos generar algunas adaptaciones”.

Cambiar ¿para que nada cambie?
En una empresa de teléfonos celulares, la estrategia ante el ausentismo por enfermedad, elevado, consistió en convertir la falta en llamada de atención pero positiva: “En los controles de salud, en lugar de mandarles un médico, cosa que ellos viven como una invasión y control, los llaman a sus casas para preguntarles si necesitan algo. Y con el tema de la tecnología, los autorizamos dos veces por día para que se conecten a su Facebook o su Twitter”.

El antes y el después, de acuerdo con ejecutivos de recursos humanos formados generalmente con los recursos de otro mercado de trabajo, es notable. “Hace quince o veinte años vos tomabas un chico y le decías presentate el lunes en tal lugar –contó a los investigadores el responsable del área en la empresa de celulares–. Hoy se plantan a negociar con vos, te plantean sus condiciones, por ejemplo: ‘Los jueves yo juego al fútbol y necesitaría salir unos minutos antes’, o ‘¿no podría trabajar en una oficina que quede más cerca de mi casa así no viajo tanto?’. Es como si no existiera la asimetría para ellos, negocian de igual a igual con cualquiera y en cualquier situación.”

Pero a la sorpresa que encienden esas actitudes se le contrapone la sorpresa de perfiles que años antes eran inhallables. Lo cuenta un consultor independiente de grandes empresas: “Existe un grupo de jóvenes que logra adaptarse a las compañías en el funcionamiento y muestra competencias que antes era muy difícil encontrar, por la velocidad, la capacidad de procesar información”. Quién negaría que es un plus.

Por Soledad Vallejos
En Página 12, 28 de Agosto de 2011
Foto: Gonzalo Iglesias

viernes, 16 de septiembre de 2011

La noche de los lápices: recordar para no repetir


Se conoce como la Noche de los Lápices a una serie de diez secuestros de estudiantes de secundaria, ocurridos durante la noche del 16 de septiembre de 1976 y días posteriores, en la ciudad de La Plata.

Este suceso fue uno de los más representativos dentro de la represión impuesta por la dictadura cívico militar argentina, ya que las desapariciones se realizaron sobre estudiantes, en su mayoría, menores de edad.

El caso tomó notoriedad pública en 1985, luego del testimonio de Pablo Díaz (uno de los sobrevivientes) en el Juicio a las Juntas. Él mismo participó de la creación del guion que llevó la historia al cine en 1986.

Cuatro de los estudiantes secuestrados sobrevivieron a las posteriores torturas y traslados impuestos por la dictadura.

viernes, 19 de agosto de 2011

La discriminación en la edad más difícil



Una encuesta elaborada por Unicef muestra vivencias y percepciones de los adolescentes vinculadas con la discriminación. Tres de cada cuatro presenció alguna situación de ese tipo.

En Argentina, tres de cada cuatro adolescentes alguna vez vieron cómo discriminaban a otra persona. Y dos de cada cinco se sintieron discriminados alguna vez. La mayoría de las chicas y los chicos creen, además, que la sociedad es machista, racista y xenófoba y que también lo es la juventud argentina. Así lo afirma una encuesta realizada por Unicef Argentina a jóvenes de entre 13 y 18 años de los distintos puntos del país donde se juega la Copa América. Destacada como Entidad Benéfica oficial del torneo, Unicef exploró la percepción que chicas y chicos de centros urbanos de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, San Juan, Mendoza, Salta y Jujuy tienen de las situaciones de discriminación en sus vidas cotidianas y también del ámbito del fútbol (ver aparte).

La encuesta, domiciliaria, fue realizada entre el 17 y el 28 de junio, sobre 899 chicas y chicos seleccionados de modo tal que la investigación resultara representativa. Respondieron tanto jóvenes escolarizados como no escolarizados, concurrentes a escuelas privadas y escuelas públicas, del Gran Buenos Aires, la ciudad de Buenos Aires, Gran Córdoba, Santa Fe Capital, Gran San Juan, Gran Mendoza, Gran Salta y Gran San Salvador de Jujuy.

Al referir la discriminación, la mayoría de las y los encuestados la asociaron con distintas formas de la violencia, pero también con aspectos usados para discriminar. Preguntados por “¿qué palabras te vienen a la mente?” al pensar en la discriminación, la mayoría de las respuestas (el punto tomó menciones, pero no las cuantificó en porcentajes) repitieron “agredir, rechazar a otros, faltar el respeto”, “diferenciar, apartar, separar personas”, “aspectos físicos”, “color de piel”, “maldad, bronca”. Que la discriminación, sin embargo, “no está justificada porque somos todos iguales” es la frase que eligió el 76 por ciento de chicas y chicos, ante un 19 por ciento que la justifica “porque no todos somos iguales”, y un 5 por ciento que no acordó con ninguna de las dos.

La amplia mayoría de las y los jóvenes presenció un acto de discriminación: el 75 por ciento, es decir, tres de cada cuatro encuestados. De ellos, quienes con más contundencia refirieron haber sido testigos fueron los encuestados de Córdoba (el 98 por ciento). Los demás distritos, un poco más rezagados, también tienen cifras importantes: en la ciudad de Buenos Aires el 83 por ciento, en Mendoza el 76, en Santa Fe el 74, en Salta el 72, en Gran Buenos Aires el 70 y en Jujuy el 64.

Además, dos de cada cinco (el 40 por ciento) dijo haber sufrido discriminación alguna vez. De ellos, el índice más alto se registró en Santa Fe Capital (55 por ciento), seguido por Capital Federal (con el 45 por ciento), Mendoza (el 44) y el Gran Buenos Aires (el 39).

En cuanto a los motivos de discriminación, el aspecto físico lideró las respuestas. El 44 por ciento de quienes se sintieron discriminados alguna vez señalaron como motivo el tamaño o el peso. Este aspecto fue el más frecuentemente mencionado por las chicas que se reconocieron discriminadas. Entre los varones, en cambio, el motivo más mencionado fue el color de la piel. Para quienes presenciaron episodios discriminatorios, el motivo más usual al que se recurrió fue el color de la piel.

Otras razones usadas para discriminar fueron la nacionalidad, la orientación sexual, el nivel socioeconómico, la discapacidad, la religión, una enfermedad, la provincia de nacimiento, el origen étnico, los antecedentes penales, la edad y el género. Es precisamente en ese aspecto que la encuesta permite sospechar la fuerte naturalización de sesgos de género. Por caso, aun cuando las chicas son las más frecuentemente discriminadas por su aspecto físico, sólo una ínfima parte de quienes fueron testigos (2 por ciento) y otra tanta de quienes fueron víctimas (el 4 por ciento) de discriminación señalaron el género entre los motivos. Podría sospecharse que el sexismo atraviesa más de una de las categorías que se perciben como motivos de discriminación. La diferencia, tal vez, resida en que chicas y chicos no perciben aún con claridad el sexismo detrás de ciertas conductas o lo hayan naturalizado al punto de haberlo incorporado a su universo de valores cotidianos y esperables.

Tanto las víctimas como los testigos refirieron la escuela como el principal escenario de la discriminación (el 63 y el 69 por ciento, de acuerdo con cada grupo), seguida por la calle (17 y 20). Quienes fueron testigos, vieron en su mayoría cómo discriminaban a compañeros de escuela y amigos (62 y 19 por ciento); quienes sufrieron los episodios dijeron haber sido discriminados por su compañero de escuela (61 por ciento) y su amigo (20). Para chicas y chicos, las personas más discriminadas en Argentina son los inmigrantes bolivianos (19 por ciento), lejos, con un 6 por ciento, las mujeres.

Por otra parte, la mayoría cree que la sociedad argentina es “bastante” machista (47 por ciento), racista (49) y xenófoba (49). Que es “muy” machista y racista lo creen el 35 y 34 por ciento, respectivamente. Que es “poco” xenófoba el 24. Al sumar los resultados de “muy” y “bastante”, el registro da cuenta de que la mayoría de los adolescentes encuestados cree que vive en una sociedad machista, racista y xenófoba (82, 83 y 72 por ciento, respectivamente).

Además, la mayoría cree que el país tiene una juventud consistente con esa sociedad que valoraron: la creen “bastante” machista (47 por ciento), racista (52) y xenófoba (51). “Muy” machista el 27 por ciento, “muy” racista el 29. “Muy” y “poco” xenófoba el 22 por ciento, en cada caso. Sumando, se puede concluir que la mayoría de chicas y chicos cree que la juventud argentina es notablemente machista, racista y xenófoba (74, 81 y 73 por ciento, respectivamente).

Por Soledad Vallejos
En Página 12, 15 de Julio de 2011

jueves, 11 de agosto de 2011

Con libertad para estudiar


El Congreso aprobó la ley que obliga al Estado a garantizar la formación primaria, secundaria y universitaria en las cárceles del país. Además, la norma establece como estímulo para los internos un régimen de reducción de penas por ciclo completado.

Todas las personas detenidas en cárceles que no hayan concluido los niveles educativos obligatorios deberán recibir educación primaria o secundaria, según sus necesidades. Y, además, tendrán derecho a realizar estudios terciarios y universitarios. Así lo dispone una ley recién sancionada por el Congreso, cuyo texto pertenece a la diputada del FpV Adriana Puiggrós, junto al radical Ricardo Gil Lavedra y en acuerdo con otros bloques y legisladores. El proyecto tuvo origen en aportes realizados por alumnos del Centro Universitario Devoto y en la iniciativa de la secretaria de Seguridad, Cristina Caamaño. La nueva ley establece también, como estímulo para los internos, la disminución de la pena por ciclo educativo cumplido. “Esto tiene como centro el respeto a la persona, la dignidad humana y la reinserción social de los detenidos. Además, está comprobado que a mayor educación disminuye considerablemente la reincidencia en el delito”, dijo Puiggrós a Página/12.

Los puntos centrales que establece la norma aprobada la semana pasada por el Senado son los siguientes:

- Los internos deberán tener acceso pleno a educación en todos sus niveles y modalidades de conformidad con las leyes de Educación Nacional, Educación Técnico Profesional, Educación Sexual Integral, Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes, Educación Superior y toda otra norma aplicable.

- Los certificados y diplomas, expedidos por las autoridades competentes, no deberán contener ninguna indicación que permita advertir que dicho estudio fue realizado en la cárcel.

- Se establece un estímulo por ciclo lectivo anual de un mes de reducción de pena. Se establece una reducción de pena de dos meses por estudios primarios, tres meses por estudios secundarios, tres meses por nivel terciario, cuatro meses por estudio universitario.

- Se prohíbe la suspensión de la educación de un interno como método de castigo. Asimismo, los horarios de trabajo de un interno no podrán obstaculizar los horarios de estudio.

- En todo establecimiento penal deberá funcionar una biblioteca.

La norma sancionada sustituye el capítulo VIII, artículos 133 a 142, de la Ley de Régimen de Ejecución de la Pena Privativa de la Libertad. “Allí se habla de educación y estímulo para los internos, pero se hace de modo parcial”, explica Puiggrós, y agrega: “A partir de ahora, pasa a ser una responsabilidad del Ministerio de Educación que exista educación primaria, secundaria y superior en todas las cárceles del país, y para todos los presos por igual, cualquiera sea su condena”.

Según un informe realizado en 2007 por el Sistema Nacional de Estadísticas sobre Ejecución de la Pena, de un total de 50.980 internos, sólo 2594 han finalizado sus estudios secundarios. Allí se exponía, también, que de ese total, 36.801 no participan de ningún programa de capacitación laboral. Estos datos fueron parte de los fundamentos para la elaboración de la norma, pero su origen proviene en especial de los aportes de estudiantes universitarios presos en la cárcel de Devoto. Allí la UBA desarrolla un programa pionero, que ahora, con sus particularidades, es reproducido por trece universidades a lo largo y ancho del país (ver aparte).

–¿Es obligatorio que el interno vaya a sus clases, o es sólo una opción que tiene? –le preguntó este diario a Puiggrós.

–Esto es algo que la ley no explicita, no habla de obligatoriedad. Pero entiendo que en el espíritu de la norma sí lo hace, porque de hecho a partir de la misma se aplicará la Ley de Educación Nacional a las personas en contexto de encierro, por lo que, al menos hasta el secundario fijado por esta ley, será una obligación para todos los ciudadanos.

–¿Qué consecuencias trae para los internos asistir a estos programas de educación?

–Hay estadísticas que dicen que la reincidencia de los internos que no obtienen educación en la cárcel es muy alta, en cambio la reincidencia de los que cursaron ciclos enteros es del 3 por ciento. Así que, si hablamos de seguridad, está absolutamente comprobado que a mayor educación, mucha menor reincidencia.

–¿Qué posibilidades hay de que pueda aplicarse efectivamente esta ley?

–La aplicación de la norma es el siguiente paso, pero esto va a haber que militarlo, va a haber que poner el ojo cárcel por cárcel, para asegurarnos de que se cumpla la ley. Y para que se presenten hábeas corpus en donde suceda lo contrario.

Informe: Agustín Saavedra.
En Página 12 05/08/08

viernes, 8 de julio de 2011

Corea del Sur dará de baja todos los libros y sólo se estudiará en e-books


Desde 2015 dejará de tener textos impresos en las escuelas. La idea es que cada alumno tenga su propia tableta.

No más libros de papel. El Gobierno de Corea del Sur decidió dar de baja todos los soportes impresos de aquí al 2015 y que sus alumnos estudien sólo con soportes digitales.
Así lo anunció el Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología, según informó el diario surcoreano The Chsounilbo.
El gobierno de Corea del Sur trabaja en un plan que tiene como objetivo sustituir todos los contenidos de papel en las escuelas y reemplazarlos por libros digitales o e-books y tabletas.
De hecho, el objetivo es que para dentro de cuatro años, cada uno de los alumnos de su país tenga su propia tablet tipo el iPad de Apple.
La idea es que los alumnos tengan acceso a contenidos digitales en todos los formatos: audios, videos, gráficos, infografías animadas y, claro, texto.
Según los medios especializados, el gobierno de Corea del Sur tiene previsto invertir unos 2.000 millones de dólares para llevar adelante la transición y desarrollar libros de texto digitales y comprar las tabletas.
La inversión incluye además un sistema de potentes servidores en los cuales almacenar los contenidos, que serán administrados por el Servicio de Información, Investigación y Educación de Corea del Sur.
"No creemos que el cambio a libros digitales vaya a ser difícil debido a que los estudiantes de hoy están muy familiarizados con el ambiente digital", informaron desde el Ministerio.
La digitalización de la educación llegará al punto de tener clases virtuales para que los alumnos enfermos puedan asistir desde sus casas o hasta de un hospital. Y la presencia virtual será contada al igual que la real.
Además, el ministerio creará una red online a la que se conectarán todas las escuelas. De ella, los alumnos podrán bajarse los libros y apuntes que les indiquen sus maestros a través de conexiones wi-fi.

En Diario Clarín, 4 de Julio de 2011